Padre Pío y sus estigmas: la historia del santo de las llagas

Durante cincuenta años, un humilde fraile del sur de Italia llevó en su cuerpo las mismas cinco heridas de Cristo crucificado. Sangraban, no se infectaban y desconcertaban a los médicos que lo examinaron. Su nombre era Francesco Forgione, pero el mundo entero lo conoce como Padre Pío.
- ¿Quién fue el Padre Pío?
- Cómo recibió los estigmas
- Otros fenómenos que se le atribuyen
- La Iglesia y el caso de Padre Pío
- Por qué su historia sigue conmoviendo
- Horas y horas en el confesonario
- La Casa Alivio del Sufrimiento
- Su muerte y la desaparición de las llagas
- San Giovanni Rotondo hoy
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¿Quién fue el Padre Pío?
Francesco Forgione nació en 1887 en Pietrelcina, un pueblo pobre de la región de Campania, en Italia. Desde niño mostró una profunda vida de oración. A los quince años ingresó en la orden de los Capuchinos, una rama franciscana, y tomó el nombre de fray Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910.
Pasó casi toda su vida en el convento de San Giovanni Rotondo, un lugar entonces apartado que, con los años, se convertiría en uno de los centros de peregrinación más visitados del mundo católico, precisamente por su presencia.
Cómo recibió los estigmas
El 20 de septiembre de 1918, mientras rezaba ante un crucifijo en el coro del convento, Padre Pío sintió un dolor intenso. Cuando volvió en sí, sus manos, sus pies y su costado sangraban: eran los estigmas, las cinco llagas de la Pasión de Cristo. Tenía entonces treinta y un años.
Fue el primer sacerdote en la historia de la Iglesia del que se tiene constancia que llevó los estigmas visibles. Las heridas permanecieron abiertas durante cincuenta años, hasta pocos días antes de su muerte. Diversos médicos las examinaron a lo largo de las décadas sin encontrar una explicación natural: no se infectaban, no cicatrizaban y despedían, según numerosos testigos, un aroma parecido al de las flores.
Otros fenómenos que se le atribuyen
Además de los estigmas, a Padre Pío se le atribuyeron durante su vida otros fenómenos extraordinarios que aumentaron su fama. Conviene tomarlos con la prudencia con que la propia Iglesia trata estos relatos, pero forman parte inseparable de su historia:
- La bilocación: numerosos testimonios afirmaban haberlo visto en lugares lejanos mientras permanecía en su convento.
- El don de leer los corazones: pasaba muchas horas en el confesonario y, según los fieles, conocía pecados que no le habían confesado.
- Curaciones inexplicables atribuidas a su intercesión.
Él, sin embargo, restaba importancia a todo esto y repetía una frase que se hizo célebre: «Reza, espera y no te preocupes».
La Iglesia y el caso de Padre Pío
La historia de Padre Pío no fue un camino fácil de aceptación. Durante años, la Iglesia lo examinó con enorme rigor e incluso llegó a imponerle restricciones en su ministerio mientras estudiaba su caso. Esa cautela es la norma: la Iglesia nunca acepta un fenómeno sobrenatural sin una investigación exhaustiva.
Tras su muerte, en 1968, y después de décadas de estudio de su vida y sus virtudes, el papa Juan Pablo II lo canonizó como santo en 2002, con el nombre de San Pío de Pietrelcina. Su fiesta se celebra el 23 de septiembre. Es importante subrayar que la Iglesia lo declaró santo por la santidad de su vida, no simplemente por los estigmas: llevar las llagas no es, por sí solo, prueba de santidad.
Por qué su historia sigue conmoviendo
Padre Pío representa algo que atrae a millones de personas: un hombre sencillo que cargó durante medio siglo con un sufrimiento físico y espiritual enorme, sin dejar de atender a quien lo buscaba. Sus estigmas son, para los creyentes, un recordatorio vivo de la Pasión de Cristo. Para todos, la historia de una entrega que no pidió nada a cambio.
Padre Pío no fue el único que llevó las llagas de Cristo. El primero de todos, siete siglos antes, fue San Francisco de Asís, y a lo largo de la historia ha habido otros estigmatizados célebres.
Horas y horas en el confesonario
Buena parte de la fama de Padre Pío no vino de los estigmas, sino de su labor como confesor. Pasaba muchas horas al día atendiendo a los fieles que llegaban de toda Italia y del extranjero. Las colas eran tan largas que había que apuntarse con días de antelación para poder confesarse con él. Los testigos contaban que, a veces, sabía lo que la persona callaba, y que con unas pocas palabras transformaba vidas enteras.
La Casa Alivio del Sufrimiento
Padre Pío no se limitó a la oración. Impulsó la construcción de un gran hospital en San Giovanni Rotondo, la Casa Sollievo della Sofferenza («Casa Alivio del Sufrimiento»), inaugurada en 1956. Quería que la fe y la ciencia caminaran juntas al servicio de los enfermos. Hoy sigue siendo uno de los centros hospitalarios más importantes del sur de Italia, y es quizá su obra más concreta y duradera.
Su muerte y la desaparición de las llagas
Padre Pío murió el 23 de septiembre de 1968, con ochenta y un años. Uno de los detalles que más impresionó a los testigos fue que, en sus últimos días, los estigmas que había llevado durante medio siglo se cerraron y desaparecieron, dejando la piel intacta, sin cicatrices. Para sus devotos, fue un signo final; para los médicos, un enigma más en una historia llena de ellos.
San Giovanni Rotondo hoy
El pequeño convento donde vivió se ha convertido en uno de los santuarios más visitados del mundo católico. Millones de peregrinos acuden cada año a rezar ante su tumba. Su figura, con la barba blanca y las manos cubiertas por medio guante, es hoy una de las imágenes más reconocibles de la devoción popular.
